El arte como punto de partida

23 05 2009

907713Fuente inagotable de significados, el arte es, para muchas asociaciones de la sociedad civil, una herramienta ideal para conducir al cambio y a la transformación social desde distintos enfoques. “El arte contribuye a la transformación social y a la equidad porque garantiza el acceso universal a los bienes simbólicos. Aquí entendemos que el camino de la transformación social es una construcción colectiva, que sólo sucederá mediante intercambios de prácticas y saberes en los que permitamos que nuestros espacios grupales e institucionales cerrados se vuelvan permeables a otras experiencias”, reflexiona Inés Sanguinetti, de Crear Vale la Pena.

Fundada en 1997, esta asociación tiene la misión de propiciar la inclusión social de los jóvenes a través de la educación en artes, la producción artística y la acción comunitaria. La organización trabaja con las poblaciones de Beccar y del Bajo Boulogne a través de sus centros comunitarios. Así han tenido llegada a más de 600 chicos. Crear Vale la Pena pertenece, junto con otras cuatro organizaciones de Argentina, a la Red Latinoamericana para la Transformación Social.

La acción de instituciones como ésta posibilita historias de vida como la de Tatiana. Esta joven de 20 años es del barrio de Boulogne y le gusta la danza desde los 5. A los 6, por medio de su tía Olga, empezó a concurrir al Centro Joven Creativo de la Fundación Crear Vale la Pena. Allí tuvo la posibilidad de tomar clases de danza contemporánea y de jazz; después hizo circo y más tarde teatro popular. Recientemente, tuvo la oportunidad de ir a Lima, Perú, a presentar la obra Argentina es afuera , e integró el elenco junto con otros chicos del IUNA.

“Fue una experiencia increíble. La verdad es que fue muy bueno trabajar con chicos que recibieron otra formación, más clásica. Lo que aprendí a lo largo de todos estos años es que no importa de qué barrio seas, cuál sea el color de tu piel o tu situación económica. Yo amo lo que hago y cada vez que bailo o actúo me siento genial”, dice entusiasmada. Tatiana se define como una artista y hoy hace lo que más ama: dicta talleres de hip hop y de teatro en San Fernando y pronto va empezar a dar talleres de teatro para chicos de entre 7 y 10 años.

El arte también cambió la vida de Israel, un hombre de 35 años que vivía en la calle, dormía cerca del Hospital Ramos Mejía y no tenía trabajo. “Cuando la gente sabe que sos de la calle, te discrimina. Piensa que todos somos sucios, que nos gusta vaguear y que no queremos trabajar”, dice sin perder la sonrisa mientras cobra la entradas a la gente que llega a un evento de cena y jazz en la Fundación Arte sin Techo.

De aspecto delgado y apariencia impecable, nada hace pensar que hasta hace algunos meses vivía una realidad de exclusión y marginalidad. El, al igual que otras 1029 personas de la ciudad de Buenos Aires (según un relevamiento del gobierno porteño), no tenía un hogar. Pero a través de un amigo se enteró de que una institución ayudaba a la reinserción social de la gente de la calle y decidió acercarse.

Empezó a concurrir a los talleres de arteterapia, de multimedia y de muralismo, y al poco tiempo iba todos los días a la fundación. “Es que siempre había algo para hacer, algún mueble por arreglar, una pared por pintar Fui tomando mayores responsabilidades acá adentro y la gente empezó a confiar en mí. Eso me llevó a querer salir adelante”, recuerda.

Ahora vive en Mataderos, en un hogar que puede pagar gracias a que consiguió trabajo y está siempre en contacto con la fundación, que le permitió cambiar su vida.

¿Pero cuál es el efecto que generan las expresiones artísticas en la vida de las personas sin techo? “Encuentran un incentivo. Acá, cada nuevo grupo de gente sin techo que se incorpora participa de talleres que duran seis meses y que son un pasaje entre la calle y su reinserción en la sociedad”, responde Felicitas Luisi, directora de la fundación, que existe hace 5 años.

“Tenemos talleres de muralismo, pintura, multimedia, refacción de muebles No importa exactamente lo que hagan, cualquiera de ellos implica responsabilidades y pone una meta. Tienen que cumplir un horario, trabajan en grupo, se vinculan con otras personas y por primera vez tienen un proyecto. Salen de la pasividad de la calle que los adormece y que sólo los lleva a esperar la muerte”, continúa Luisi.

Silvia Capria es profesora de arteterapia y hace un año y medio que trabaja con los sin techo. “El arte es una herramienta fundamental para recomponer vínculos, que es lo que le hace falta a la gente que viene de la calle. Es un lugar donde pueden expresar lo que les pasa a través de técnicas relacionadas con las artes visuales”, explica, y destaca la importancia del arte en este tipo de personas: “Generalmente están cansados de que les pregunten sobre sus historias personales, sobre cómo terminaron en la calle. Vienen de estar mucho tiempo aislados y acá, a través del dibujo, cuentan cosas que ni siquiera se las dicen a un psicólogo. Poco a poco se empiezan a soltar, a confiar más en el grupo. Y muchos, por medio de este proceso que comienza desde lo interno, logran insertarse nuevamente en la sociedad”.

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